Hemos escuchado con preocupación a algunos funcionarios manifestándose abiertamente por la despenalización del consumo de drogas. Se argumenta que no se quiere“criminalizar al adicto”, ponerlo en el mismo nivel de delito que al narcotraficante. Excelente intención. Pero, ¿se logra el propósito andando ese camino?
Para comenzar este análisis conviene aclarar algo que no está bien planteado. La legislación actual, ¿“penaliza al consumidor”? No.
LaLey Nº 23.737 establece que cuando la tenencia es para uso personal y hay una “dependencia física o psíquica” de la sustancia, el juez puede imponer una “medida de seguridad curativa, consistente en un tratamiento de desintoxicación y rehabilitación por el tiempo necesario”,dejando en suspenso la pena que le pudiera corresponder.
Considera al consumidor como una persona enferma -no delincuente- y manda proveer de untratamiento de desintoxicación y rehabilitación. La “despenalización” del adicto ya está en vigencia. No obstante, cualquier norma legal se puede mejorar. Pero ¿a qué apunta entonces este proyecto que se está preparando? Vayamos de a poco.
Cumplir
la Ley
La Ley vigente recién mencionada no se está cumpliendo. El Estado Nacional no está asistiendo adecuadamente a las Instituciones que se dedican a la rehabilitación.
La SEDRONAR(Secretaría de Programación para
la Prevención de
la Drogadicción y
la Lucha contra elNarcotráfico) no da abasto con la enorme demanda y cuenta con presupuesto para unas pocas becas de 1 año. Estas no alcanzan para tratamientos efectivos más prolongados. Tengamos en cuenta que la mayoría -gran mayoría- de las Provincias no tiene sistemas de tratamiento para recuperación de adictos. Sólo unos pocos Municipios, con enorme esfuerzo local y con verdadera preocupación, están buscando articular algún programa.
Tampocose cumple
la Ley en lo que refiere a estrategias de prevención que no sólo deberían estar constituidas por campañase sporádicas, espasmódicas, aleatorias y desconectadas de planes integrales queapunten al rescate del adicto.
Prevenciónno es “dar charlas a los adolescentes en las escuelas” acerca de las consecuencias que trae drogarse. Casi todos ellos ya lo saben y hasta podrían darnos clases sobre las sustancias. “Falopas duras en tipos blandos ahuecan corazones” cantan Los Redonditos deRicota. La tarea preventiva debería involucrarnos a los adultos, responsables de una sociedad enferma quecompromete su futuro despreciando su presente. Vivimos en medio de “conductasadictivas” que se nos proponen desde la publicidad de medicamentos y el imperativo del éxito rápido sin esfuerzo alguno.
Tampocose avanza de modo significativo en lo relacionado con una lucha frontal contra el narcotráfico. Las mafias de la muerte controlan impunemente territorios de elaboración y venta.
Habría que penalizar al Estado por no cumplir
la Ley. Si, como dicen, “se pierde tiempo con adictos”, en realidad es porque no se sabe adónde enviarlos y se los“encarcela”, pero ese no es el Espíritu de
la Ley. También es cierto que hay “perejiles” en prisión y los que se enriquecen con la muerte denuestros pibes están de paseo.
Por otro lado, si se llegara a hacer legal la tenencia para consumo propio, ¿cuál será la cantidad permitida para cada uno si cada uno tiene tolerancia diversa?¿Será para el consumo de una noche, un día, una semana? ¿Da igual marihuana,cocaína, paco, éxtasis, burundanga, ketamina?
Ya que “no está mal” llevar lo del consumo propio se podrá entonces utilizar en el aula, el boliche, la cancha, la vía pública? Ya se hace, todos los sabemos,pero hoy es ilegal.
Lo que sí parece claro es que el Estado se desliga de la obligación de hacersecargo de los tratamientos y, en última instancia, de los pibes, que seguirán enla calle, para angustia de sus familias, sus amigos y buena parte de lasociedad.
Digámoslo con claridad: la droga es sinónimo de muerte. Darle más espacio en la vida de los jóvenes es hacer que la muerte crezca. Despenalizar su uso es un riesgo muyserio.
Vale recordar parte de la letra de una canción del grupo “
La Renga”: “Estaba el diablo mal parado/enla esquina de mi barrio / al lado de él estaba la muerte /con una botellaen la mano”. El “padre de la mentira” odia la vida y la alegría de los jóvenes.
Para la sociedad y cada uno de nosotros
la Ley es también un marco de referencia como modelo deconducta. Legalizar la tenencia para el consumo es dar como mensaje: “con ladroga está todo bien”. “No hay ningún drama con que la tengas en el bolsillopara consumir.” “Está todo bien, ¿entendés?” “Está bien que tengas en el bolsillo aquello que te lleva a la muerte, aunque para poder comprarlo hayas conseguido dinero robando o prostituyéndote.”
¿Quien robe o mate bajo el efecto de la droga será inimputable? Si alguien intenta frenarlo por su conducta agresiva y lo lastima o mata, ¿será inimputabletambién? Es imperioso tener presente que prácticamente la mitad de los hechos delictivos violentos ocurren por efectos de la droga o el alcohol.
¿Consumo “recreativo”?
Encuestión de adicciones es importante instalar el debate no sólo en torno a las“sustancias” que “se pueden” llevar en el bolsillo. Hay que ir a fondo en loque hace al sentido de la vida, una vida digna que merezca la pena y la alegríade ser vivida. Vida hermosa que Dios nos regala para ser felices en plenitud.De esto trata la educación y los valores. La familia y los amigos. La sociedad y
La Ley.
¿Por cuáles ideales y amores los jóvenes están dispuestos a vivir y morir? Lo que busquen legalizar en sus bolsillos debe tener en cuenta lo que hay en sucorazón. El grupo Almafuerte canta: “Un buen descanso, un plato de sopa y el abrazo fraternal de un amigo leal a vos te está faltando para que de un salto dejes la falopa y el emputecido berretín deandar limándote en la caja negra”.
Hacemos bien en decir que la adicción es una enfermedad. A diferencia de la gripe o la hepatitis no se contagia por el mate, la toalla o el baño. Se contrae por hartazgo, vacío existencial, falta de horizonte, soledad, hambre, vida deperros… Ése es el foco infeccioso que encuentra caldo de cultivo en unasociedad dominada por el consumismo y la superficialidad.
Haceunas pocas semanas un ministro nos sorprendió afirmando que el 75% del consumojuvenil de drogas en el país es “recreativo”. Si así fuera, cabe preguntarse siel 25% restante entró a la adicción por un camino diverso al de la“recreación”.
Mientrastanto, dejemos hablar a las mamás de los adictos. Sus relatos desgarradores acerca de lo que la droga ha hecho con sus hijos nos conmueve. Muchas de ellas luchan contra este flagelo en soledad, sin sentirse acompañadas y comprendidaspor funcionarios públicos y de fuerzas de seguridad.
Escuchemost ambién a los jóvenes que luchan para salir del infierno y a los profesionales o voluntarios que trabajan en este campo. Mirar
la Argentina como “país detránsito” no parece consonante con la realidad cotidiana de los jóvenes. Nos decía un joven en recuperación por su adicción al paco: “Estoy dispuesto a todo siempre y cuando nada vuelva a ponerme en situación de riesgo”. ¿
La Ley piensa en él? La gran mayoría dio los primeros pasos hacia la adicción sin darse cuenta, jugando enel límite y con el límite. De pronto entraron en una especie de remolino que te chupa y no te larga. En el comienzo el primer plano estaba centrado en vencer el miedo o la vergüenza, ganar la estima de los demás. Promesas de darlo todo para quedar con nada, perverso vacío.
¿Game over o seguís participando?
En “El juego de la oca” sucede que un participante puede retroceder variosc asilleros si cae en un lugar inadecuado. En la vida también se puede retroceder mucho, al punto de no poder avanzar más. Hay casilleros de “noretorno”, fuera de juego, fuera de vida.
Hay que ponderar muy seriamente qué consecuencias puede traer esta medida en las ciudades y provincias del país en que la droga aún no hizo pie abiertamente. El esfuerzo que están haciendo familias, escuelas, funcionarios en esos lugares corre riesgo de verse sobrepasado. Si se abren “nuevos mercados” para el consumo, la muerte habrá conseguido nuevos escenarios para desplegarse.Sumaremos perplejidad, asombro y dolor ante más “caballos que se mueren potros sin galopar” (Los Redonditos deRicota).
“Probáno probar” es una consigna de liberación.
“Probáque no hay drama” es opresión y dependencia.
Tenemosla obligación de primerear a la muerte. Podemos hacerlo.
Jorge Eduardo Lozano
Obispo de Gualeguaychú
y Delegado de
la Conferencia Episcopal Argentina para
la Pastoral de Juventud